¡Investigador, vas tarde! A propósito de #yoaprendoenred

Ayer, día 16 de febrero de 2016, como actividad formativa del programa de Doctorado de Ciencias de la Educación de la Universidad de Granada, comenzaba la primera sesión del seminario “Investigando las redes sociales: estudio de caso, análisis del discurso y etnografía virtual en educación y en la sociedad de la información”, coordinado por José Manuel Martos (@j_martos) y por Almudena Ocaña (aocafer@ugr.es). En el mismo, el profesor Martos se encargó de presentar Twitter como una herramienta muy potente para la socialización y conectividad del mundo docente, siendo por lo tanto un campo bastante atractivo para el investigador de a pie, por lo relativamente novedoso de los procesos y por las dinámicas que de los mismos emergen.

Comenzamos con una introducción al mundo tuitero, que voluntariamente presenté, sobre todo a unos compañeros y compañeras cubanos que estos días comparten sus procesos formativos con la ciudad de Granada y con los que nos nutrimos de ella, para que a posteriori, @j_martos nos presentara las experiencias en red de dos de los blogueros educativos más potentes y de mayor impacto social de nuestro país: Santiago Moll (@smoll73) y Manu Velasco (@manu__velasco), que son quienes están, respectivamente, detrás de Justifica tu Respuesta y El blog de Manu Velasco, dos blogs de referencia dentro del panorama educativo nacional.

Durante el transcurso del seminario se iba a lanzar un hashtag titulado #yoaprendoenred, nombre que al final y a la postre, generaría controversias varias. En poco más de dos horas, el grupo de gente que nos encontrábamos en el seminario, unido a las personas que se incorporaron desde las redes, generó más de 350 tuits en relación al hashtag. Se habló de la importancia de generar discurso educativo en las redes, de las potencialidades y desventajas de la formación virtual, del cambio de paradigma que supone re-conceptualizar los procesos de formación permanente, de investigación educativa y sus brechas… En definitiva, de gran cantidad y diversidad de temáticas, pero detrás de todas ellas un único objetivo: producir aprendizaje colaborativo y horizontal. Aprender.

A continuación voy a tratar de seleccionar varios tuits que creo que son significativos y resumen bastante bien la experiencia, para después reflexionar brevemente sobre algunos temas que surgieron en relación con la investigación educativa. Como soy por naturaleza provocador y me gusta la controversia, este fue uno de los primeros tuits que lancé:

Estos escasos 140 caracteres generaron más de 20 respuestas (sin contar los tuits de contra-respuesta que generaron otras discusiones) por parte de la gente que estaba leyendo el hashtag. Entre las respuestas nos encontramos conceptos como autenticidad, identidades digitales, cambios, ética del cuidado, educación preventiva, seguridad en la red, egolatría, formas de compartir el conocimiento, nuevos paradigmas… ¡Ojo con los 140 caracteres! Que parecían pocos y han generado todo un discurso educativo. Ahí es donde, a mi parecer, debe entrar el investigador a analizar esos discursos y ese conocimiento que se produce en la red, pero no para tratar de institucionalizarlo y encajonarlo como en ocasiones se intenta, sino para hacerlo visible y dar voz y luz a su práctica.

Fue cuando Santiago y Manu comenzaron a publicar en #yoaprendoenred cuando la producción tuitera se disparó, y muchos de los neófitos en Twitter que estaban presentes en el seminario alucinaron, por la fugacidad y celeridad con la que se maneja y gestiona la comunicación en estas redes. En ocasiones si lo pensamos, demasiada aceleración, generando con ello escasa reflexión, pero eso es arena de otro costal.

Tras un tuit en el que se trataban de vincular los aprendizajes en red con el conocimiento que genera la investigación universitaria, la pregunta caía por el tejado de los maestros cuando se escribió un mensaje que considero clave para el tema que a continuación quiero tratar:

¡Eureka! ¡Los plazos! Con respecto a la investigación educativa los docentes lo tienen muy claro, no van a esperar a nadie, por mucha institución universitaria que se ponga en frente. Hoy en día gran parte de la comunidad educativa que puebla nuestros colegios y nuestros institutos, muy activa en las redes, está cansada de esperar las respuestas que, en teoría, debe verter la comunidad universitaria. La red va demasiado rápida, y mientras los docentes están con Pinterest, Scoop.it o aprendiendo programación y robótica en un MOOC para aplicarlo al aula, los grupos de investigación están publicando en sus revistas JCR sobre la gran oportunidad educativa que representan Tuenti y Fotolog. Sí, es una exageración, pero la realidad no dista mucho de esta reflexión-ficción. Vamos, pero vamos tarde, y en gran medida esto es provocado por el gran gap, la gran brecha existente, y aparentemente insalvable, entre escuela y universidad. El contexto cambia a un ritmo vertiginoso y el mundo de la investigación educativa debe estar en la punta de lanza si se quiere aventurar a indagar en las entrañas de una sociedad, ya post y trans-digital, que se escapa entre sus dedos en busca de algo mejor, en busca de una respuesta que saben que no va a ser dogmática ni simple, sino compleja y colaborativa, y que no va a venir de un único lugar. Se acabaron los templos del saber.

¿Os imagináis que la comunidad universitaria compartiera sus saberes del mismo modo que lo hace la comunidad docente en todas sus redes?, ¿que fluyera el conocimiento entre grupos de investigación y entre doctorandos sin pensar en el rédito individual y en la certificación? Tal vez de ese modo, los ritmos de la investigación serían otros, más cercanos a los de las redes, y sus diagnósticos y análisis, por ende, más certeros y cercanos a la realidad educativa actual. Pero claro, el sistema es el que es, y nosotros, colaboradores de su institución, hemos caído en su juego.

La escuela tradicional, así como la universidad, que es tradicional per se, están quedando atrás, y cada vez más ante la irrupción de profesionales entusiastas de la educación, que rompen los muros de su aula y no tienen miedo a poner todo patas arriba y compartir todo el conocimiento educativo que en sus pequeños espacios se está generando. Nosotros, los investigadores… ¿seguimos mirando?

Cuando los motores de Twitter se habían calmado, al menos en la producción “tuitera” en torno a #yoaprendoenred, una nueva forma de entender la idea salta a la palestra:

Concluyendo, aprendemos en red porque compartimos en la red y porque somos parte de esa misma red, social, que no tiene por qué ser digital. En ocasiones se cae en la tecnofilia por la tecnofilia, sin una intencionalidad pedagógica, y nos olvidamos que detrás de todos esos hashtags, timelines, tweets retweets están personas con la ilusión de crear y la voluntad de compartir. ¡Sigamos!

¿Qué pensáis vosotros y vosotras de esta brecha existente entre la innovación docente y la investigación universitaria?

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